El Camino de Santiago en bicicleta
Hay quien dice que esta experiencia es mejor vivirla en soledad. La realidad es que en el recorrido uno nunca llega a aislarse del todo. Elegir un buen compañero de viaje acaba siendo una decisión clave
"Yo ya no sé qué hacer. Te he dicho palabras de amor, te he enviado flores... Yo no puedo poner más de mi parte. Eres tú la que tienes que aclararte. No podemos seguir así. No nos merecemos esto. Entonces, mejor dejarlo y punto..., ¿entiendes? Que te quede claro: no me puedes llamar cada hora. Déjame vivir mi experiencia tranquilamente". Es un peregrino en León hablando por el móvil con su novia. Es indicativo de cómo el camino de Santiago puede poner a prueba las relaciones de pareja.
"Cada noche tengo que pasar el control de calidad", bromeaba un catalán que tenía que llamar puntualmente a su mujer para hacer el balance del día de pedaleo. Son muchos los que sostienen que este recorrido tiene una vertiente espiritual que se aprecia mejor en la soledad.
Bueno, soledad es un decir. En 1989 había 2.000 peregrinos. El año que viene, que es Jacobeo, se esperan 200.000. Incluso los más ermitaños acabarán encontrándose en la ruta con gente, quieran o no quieran. Es imposible no relacionarse.
La mayoría de los que van en bici prefieren ir en grupo. "Si vas solo acabas abandonando al cabo de un día", decía Sergio, un italiano que arrastra lesiones. Es cierto: en el ciclismo, tener a alguien de locomotora que anima a la tropa marcando el ritmo representa una ayuda inestimable. Parejas de novios ciclistas no se ven a menudo, pero los que optan por ir en compañía tienen muchas posibilidades.
En este sentido, es llamativa la historia de un joven chaval de Alicante que viajaba acompañado por su padre, que está en la sesentena. "Es una bonita ocasión para pasar juntos las vacaciones", dijo.
Si el grupo es numeroso es difícil a veces mantener la armonía. Unos mallorquines acabaron casi peleados porque algunos preferían levantarse tarde por la mañana. Puede ser por una bronca o simplemente por las ganas de reflexionar en plena soledad: por una razón u otra, es común ver a gente que decide separarse un día o dos, para volver a encontrarse al cabo de un par de días en un albergue.
Los que creen que es mejor no involucrar a determinados miembros de la familia en esta aventura se equivocan. Y si no, quédense con estas imágenes del Camino: una pareja de extranjeros, de corte anglosajón o escandinavo, que arrastra el carrito de su bebé; dos jóvenes españoles que van con su pastor alemán ("lleva su propia mochila fijada en el cuerpo") y un francés que no se separa de su mula. Juntos, pero no revueltos.
El recorrido más usual del camino de Santiago y una recomendación
SALIDA Roncesvalles km 737 - Zubiri km 714 - Pamplona-Iruña km 693 - Puente la Reina-Gares km 672 - Estella-Lizarra km 648 - Torres del Río km 619 - Logroño km 600-597 - Nájera km 572 - Santo Domingo de la Calzada km 548 - Belorado km 526 - San Juan de Ortega km 502 - Burgos km 481-475 - Castrojeriz km 439-437 - Frómista km 413 - Carrión de los Condes km 325 - Sahagún km 357-355 - El Burgo Ranero km 340 - Mansilla de las Mulas km 320 - León km 304-300 - Astorga km 254-252 - Rabanal del Camino km 233 - Ponferrada km 202-199 - Villafranca del Bierzo km 180 - O Cebreiro km 152 - Samos-Sarria km 112-110 - Portomarín km 89 - Palas de Rei km 67-66 - Arzúa km 38 - Santiago de Compostela km 0 LLEGADA
Después de O Cebreiro el ciclista se enfrenta a una duda: ¿seguir por el camino de montaña de tierra o coger la carretera hasta el precioso monasterio de la orden benedectina de San Julián de Samos? Ambas opciones son válidas, pero los amantes del arte encontrarán en Samos una pequeña joya del siglo VI.
¿Usted también ha recorrido el camino de Santiago?
Envíe sus experiencias, relatos y fotografías a jacobomalowany@gmail.com
Piergiorgio M. Sandri 02/01/2010
La Vanguardia de Barcelona
Cronica de Belen una ciudad donde el urbemarketing empieza a dar resultados
Para Belén, la Navidad del 2009 es, quizá, la más contradictoria y confusa de su historia. Por un lado, continúan en pie las sombras de los años anteriores, pero se pueden divisar luces que no existían hace mucho tiempo.
Se tarda pocos minutos en llegar de Jerusalén a la frontera de Belén; son sólo nueve kilómetros y medio de distancia. En medio de un paisaje agreste, a orillas del desierto de Judea, se erige un impactante muro –en algunos tramos, de ocho metros de altura– que separa las dos ciudades. Los israelíes se sienten más seguros. El joven soldado Omer, que nos pide los documentos, comenta: "Fue una necesidad para salvar vidas y evitar atentados suicidas. Cuando haya paz, yo mismo vendré a destruirlo, como en Berlín".
Del otro lado, los palestinos se sienten asfixiados. Alguien escribió en las paredes un grafiti citando al arzobispo sudafricano y líder antiapartheid Desmond Tutu: "Es inconcebible que se permita que Belén muera lentamente por estrangulamiento". Esa es la razón por la cual los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina hablan de "Navidad sin esperanza".
Sin embargo, al cruzar hacia el otro lado, se ven decenas de autobuses de todo el mundo, y entre los más alegres y ruidosos se cuentan los numerosos grupos de españoles y brasileños que invaden la ciudad. En estas fechas, en los hoteles no hay ni una habitación libre. Y más de un turista tiene que volver a Jerusalén para dormir. Son los grandes días de los vendedores ambulantes y de los taxistas.
La ministra de Turismo palestina, Julud Daibes, de 44 años, no esconde su satisfacción por la avalancha sin precedentes de 65.000 turistas esta Navidad: "Para mí es fundamental que vengan también el resto del año. En este nos han visitado casi dos millones de turistas, pero podemos recibir más. En el ministerio intentamos enseñarles que tras el muro hay una experiencia única".
Los dirigentes políticos de Belén están empeñados en aplicar el programa del pragmático primer ministro, Salam Fayad, para el establecimiento de un Estado palestino en dos años. "Si hay algo que debemos aprender de los israelíes es a poner en práctica una política de hechos consumados", comenta Maruan, guía turístico que se prepara para recibir a un grupo de evangélicos procedente de Río de Janeiro. "Y, hablando de hechos, espero acabar pronto con este grupo para poder encontrarme en la plaza del Pesebre con las cien cantantes y artistas españolas que nos visitan cada ano", añade.
En el café Al Ándalus encontramos un joven con aire cansado que come humus con ful y falafel. Aunque intenta hacerse pasar por un habitante local, su acento lo delata. Se trata de un ciudadano de Gaza que aprovecha la Navidad para cruzar hacia Cisjordania con un permiso especial del ministro de Defensa israelí. 300 miembros de la pequeña comunidad cristiana de la franja han cruzado el territorio israelí y han llegado a Belén. Todos ellos tienen menos de 16 o más de 35 años.
Mohamed, parco en palabras y temiendo complicarse la vida, se limita a contar que en Gaza hay tres mil cristianos, y celebran la Navidad rodeados de un millón y medio de musulmanes. El joven encarga una cerveza Taybeh, fabricada por cristianos del norte de Ramala: "En Gaza es muy difícil encontrar alcohol", explica. Al final, confiesa que gran parte de los cristianos de Gaza que finalmente lograron permiso para entrar en Cisjordania no piensan regresar. Algunos de los que volvieron a casa tras la última Navidad fueron largamente interrogados por la policía de Hamas.
Al lado de Belén, en Beit Sajur, se oye más español que árabe. Unos quince mil cristianos que aquí viven tienen parientes en América Latina o ellos mismos vivieron en algún momento en países de habla hispana. Salim es un joven cristiano palestino que tiene pasaporte de El Salvador y que en los años noventa tuvo que huir de Cisjordania a raíz de un enfrentamiento con grupos islamistas locales. Según él, los cristianos más ricos, instruidos y moderados, llevan años abandonando la zona de Belén. "Los israelíes no nos miran con simpatía porque en el fondo somos palestinos, y los musulmanes nos recuerdan a cadamomento que somos cristianos", suspira. Sin embargo, reconoce que la situación económica en Cisjordania ha mejorado, lo que podría devolver a casa a más de uno.
Samir Hazbun, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Belén, enseña orgulloso el boom económico que se vive en Cisjordania, especialmente en el campo de la construcción privada y pública. Rodeado de una torre de Babel de turistas de todo el planeta, reconoce: "Es cierto. Últimamente se ha producido una mejora significativa, especialmente en el campo de la construcción y del turismo, y eso empuja hacia delante a toda nuestra economía, que alcanza un crecimiento anual del 7%". Aun así, Hazbun matiza: "Sólo con crecimiento económico no se construye un Estado. Además, ¿cómo podemos convertirnos en el centro del turismo religioso estando rodeados de un terrible muro de cemento?".
HENRIQUE CYMERMAN, La Vanguardia 25/12/09
Se tarda pocos minutos en llegar de Jerusalén a la frontera de Belén; son sólo nueve kilómetros y medio de distancia. En medio de un paisaje agreste, a orillas del desierto de Judea, se erige un impactante muro –en algunos tramos, de ocho metros de altura– que separa las dos ciudades. Los israelíes se sienten más seguros. El joven soldado Omer, que nos pide los documentos, comenta: "Fue una necesidad para salvar vidas y evitar atentados suicidas. Cuando haya paz, yo mismo vendré a destruirlo, como en Berlín".
Del otro lado, los palestinos se sienten asfixiados. Alguien escribió en las paredes un grafiti citando al arzobispo sudafricano y líder antiapartheid Desmond Tutu: "Es inconcebible que se permita que Belén muera lentamente por estrangulamiento". Esa es la razón por la cual los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina hablan de "Navidad sin esperanza".
Sin embargo, al cruzar hacia el otro lado, se ven decenas de autobuses de todo el mundo, y entre los más alegres y ruidosos se cuentan los numerosos grupos de españoles y brasileños que invaden la ciudad. En estas fechas, en los hoteles no hay ni una habitación libre. Y más de un turista tiene que volver a Jerusalén para dormir. Son los grandes días de los vendedores ambulantes y de los taxistas.
La ministra de Turismo palestina, Julud Daibes, de 44 años, no esconde su satisfacción por la avalancha sin precedentes de 65.000 turistas esta Navidad: "Para mí es fundamental que vengan también el resto del año. En este nos han visitado casi dos millones de turistas, pero podemos recibir más. En el ministerio intentamos enseñarles que tras el muro hay una experiencia única".
Los dirigentes políticos de Belén están empeñados en aplicar el programa del pragmático primer ministro, Salam Fayad, para el establecimiento de un Estado palestino en dos años. "Si hay algo que debemos aprender de los israelíes es a poner en práctica una política de hechos consumados", comenta Maruan, guía turístico que se prepara para recibir a un grupo de evangélicos procedente de Río de Janeiro. "Y, hablando de hechos, espero acabar pronto con este grupo para poder encontrarme en la plaza del Pesebre con las cien cantantes y artistas españolas que nos visitan cada ano", añade.
En el café Al Ándalus encontramos un joven con aire cansado que come humus con ful y falafel. Aunque intenta hacerse pasar por un habitante local, su acento lo delata. Se trata de un ciudadano de Gaza que aprovecha la Navidad para cruzar hacia Cisjordania con un permiso especial del ministro de Defensa israelí. 300 miembros de la pequeña comunidad cristiana de la franja han cruzado el territorio israelí y han llegado a Belén. Todos ellos tienen menos de 16 o más de 35 años.
Mohamed, parco en palabras y temiendo complicarse la vida, se limita a contar que en Gaza hay tres mil cristianos, y celebran la Navidad rodeados de un millón y medio de musulmanes. El joven encarga una cerveza Taybeh, fabricada por cristianos del norte de Ramala: "En Gaza es muy difícil encontrar alcohol", explica. Al final, confiesa que gran parte de los cristianos de Gaza que finalmente lograron permiso para entrar en Cisjordania no piensan regresar. Algunos de los que volvieron a casa tras la última Navidad fueron largamente interrogados por la policía de Hamas.
Al lado de Belén, en Beit Sajur, se oye más español que árabe. Unos quince mil cristianos que aquí viven tienen parientes en América Latina o ellos mismos vivieron en algún momento en países de habla hispana. Salim es un joven cristiano palestino que tiene pasaporte de El Salvador y que en los años noventa tuvo que huir de Cisjordania a raíz de un enfrentamiento con grupos islamistas locales. Según él, los cristianos más ricos, instruidos y moderados, llevan años abandonando la zona de Belén. "Los israelíes no nos miran con simpatía porque en el fondo somos palestinos, y los musulmanes nos recuerdan a cadamomento que somos cristianos", suspira. Sin embargo, reconoce que la situación económica en Cisjordania ha mejorado, lo que podría devolver a casa a más de uno.
Samir Hazbun, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Belén, enseña orgulloso el boom económico que se vive en Cisjordania, especialmente en el campo de la construcción privada y pública. Rodeado de una torre de Babel de turistas de todo el planeta, reconoce: "Es cierto. Últimamente se ha producido una mejora significativa, especialmente en el campo de la construcción y del turismo, y eso empuja hacia delante a toda nuestra economía, que alcanza un crecimiento anual del 7%". Aun así, Hazbun matiza: "Sólo con crecimiento económico no se construye un Estado. Además, ¿cómo podemos convertirnos en el centro del turismo religioso estando rodeados de un terrible muro de cemento?".
HENRIQUE CYMERMAN, La Vanguardia 25/12/09
Encuestas de Urbemarketing
La hipótesis del sorpasso electoral en la ciudad de Barcelona tiene sus causas en la desazón que se describe en esta segunda entrega del sondeo del Instituto Noxa realizado para 'La Vanguardia' entre el 18 y el 23 de noviembre. La gestión del actual gobierno de la ciudad, heredero de treinta años de ininterrumpida hegemonía de la izquierda, está en entredicho. El diagnóstico, sin embargo, no tiene un perfil irreversible: el alcalde Hereu ha cruzado muchas líneas rojas, tal vez ya demasiadas, pero también ha logrado mantenerse en varias e incluso corregir el malestar en otras.
El 60% de los encuestados considera que la Rambla sufre un proceso de degradación y sólo un 36% opina que está en la misma situación de siempre. A la hora de atribuir responsabilidades sobre las causas de esta situación, los encuestados señalan en primer lugar la acción –o la inacción– de la Guardia Urbana. También responsabilizan, en menor grado, a la deficiencia de los servicios de limpieza.
Llama la atención que en tercer y cuarto lugar, el sondeo atribuye a los propios barceloneses y al turismo, por igual, cierta responsabilidad en la degradación del paseo. Es también relevante que la sensación de que la Rambla pasa por un mal momento es compartida por todas las sensibilidades electorales.
Una pregunta específica de la encuesta cuestionaba cómo resolver el problema de la visibilidad de la prostitución en la calle. El 88% se muestra partidario de legalizar la prostitución en lugares cerrados. Sólo un 7% de los encuestados se identifica con los abolicionistas y defiende la persecución de los clientes y de quienes se prostituyan.
Pero en general la valoración de la gestión no es buena. Cuatro de cada diez entrevistados consideran que la administración de la ciudad es mala o muy mala, tres la juzgan positivamente y dos se quedan a medias tintas. Agrupados por partidos, sólo entre los electores socialistas hay una mayoría relativa (50%) decididamente partidaria de las bondades de la gestión de Hereu. En el resto de las sensibilidades electorales representadas en la encuesta, la mayoría son críticos. Y esto ocurre incluso entre los socios del bipartito, ICV, cuyos electores entusiastas y detractores están empatados.
Bien es cierto que la mayoría, representada por algo menos de la mitad de los encuestados, el 47%, considera que la situación de Barcelona es buena o muy buena. Pero merece la pena recordar en este sentido que en el anterior sondeo ese mismo grupo superaba el 60%.
Al descender al detalle de los aspectos críticos de la gestión, el alcalde Hereu suspende en tres de las ocho áreas analizadas específicamente en la encuesta. La seguridad ciudadana es la primera tacha. En segundo lugar emergen las dudas sobre la transparencia en la gestión, donde se aprecia una llamativa unanimidad que recorre todas las sensibilidades políticas: la sombra de casos de corrupción como los investigados en Santa Coloma de Gramenet se extiende, según la muestra, al Ayuntamiento de Barcelona. Es relevante también en este sentido que la mayoría de los barceloneses critique abiertamente el gasto en informes. Sólo un 18% los cree justificados.
En este análisis de la gestión, también ganan por mayoría quienes se muestran críticos con el tráfico a pesar de que, hoy por hoy, las dificultades para circular por la ciudad figuran en el séptimo puesto de las preocupaciones de los barceloneses. Por delante se sitúan, entre otras preocupaciones, la vivienda y la inmigración, amén de la seguridad.
Por el contrario, la limpieza urbana logra un aprobado justo y pierde relevancia en la lista de los principales problemas detectados en la ciudad. En el lado positivo del fiel de la balanza no son desdeñables tampoco la buena nota que adquieren el transporte públicoolas instalaciones deportivas, que encabezan la lista de los asuntos positivos de los que puede enorgullecerse el alcalde.
Es importante –probablemente decisivo en término electorales– el hecho de que el deterioro del espacio público se haya convertido en el mayor punto crítico en este sondeo. La seguridad ciudadana en las calles de Barcelona es hoy por hoy el principal problema que detectan los barceloneses y la principal tacha en la gestión que imputan al gobierno local. Un detalle que no es menor: cuando se pregunta a los encuestados quién es el principal responsable de la constatada degradación de la Rambla, se apunta, en primer lugar, a la Guardia Urbana.
Respecto a la proyección de la ciudad: una mayoría –ciertamente ajustada, un 36% contra un 32% que opina lo contrario– considera que, en los últimos años, Barcelona ha ganado importancia. Estas opiniones son defendidas básicamente por los electores identificados con los partidos de la izquierda mientras que, en sentido opuesto, se pronuncian los votantes más conservadores.
En cambio, la percepción de la evolución general de la ciudad no es buena. Un 47% de los encuestados considera que ha empeorado y sólo un 25% opina, en cambio, que ha ido a mejor en los últimos años. Resulta relevante comprobar la evolución de esta percepción. Hace dos años, quienes creían que había mejorado sumaban el 34% de los encuestados. Ahora la evolución es en sentido opuesto. Quienes creían que había ido a peor eran sólo el 30%, y ahora representan 17 puntos más.
Cabe preguntarse por qué en una ciudad que, tras los Juegos Olímpicos de 1992 siempre ha considerado su proyección exterior como un asunto clave de su autoestima se produce este cruce entre la buena imagen externa y el deterioro de la percepción de su evolución.
Otros elementos de esta encuesta pueden arrojar cierta luz sobre esta aparente contradicción y desvelar un conflicto creciente entre el uso global de la ciudad y el uso local. En este sentido es relevante que, entre los motivos que los encuestados apuntan para explicar el deterioro de la Rambla, se señale el turismo. De nuevo, parece que el problema más importante que enfrenta el gobierno de la ciudad en estos momentos es el uso del espacio público. Barcelona va gana enteros puertas afuera, pero eso ya no consuela ni compensa a quienes hacen un uso cotidiano de su espacio. Tal vez ahí radica el sudoku que deberán resolver en el futuro los administradores de Barcelona.
El 60% de los encuestados considera que la Rambla sufre un proceso de degradación y sólo un 36% opina que está en la misma situación de siempre. A la hora de atribuir responsabilidades sobre las causas de esta situación, los encuestados señalan en primer lugar la acción –o la inacción– de la Guardia Urbana. También responsabilizan, en menor grado, a la deficiencia de los servicios de limpieza.
Llama la atención que en tercer y cuarto lugar, el sondeo atribuye a los propios barceloneses y al turismo, por igual, cierta responsabilidad en la degradación del paseo. Es también relevante que la sensación de que la Rambla pasa por un mal momento es compartida por todas las sensibilidades electorales.
Una pregunta específica de la encuesta cuestionaba cómo resolver el problema de la visibilidad de la prostitución en la calle. El 88% se muestra partidario de legalizar la prostitución en lugares cerrados. Sólo un 7% de los encuestados se identifica con los abolicionistas y defiende la persecución de los clientes y de quienes se prostituyan.
Pero en general la valoración de la gestión no es buena. Cuatro de cada diez entrevistados consideran que la administración de la ciudad es mala o muy mala, tres la juzgan positivamente y dos se quedan a medias tintas. Agrupados por partidos, sólo entre los electores socialistas hay una mayoría relativa (50%) decididamente partidaria de las bondades de la gestión de Hereu. En el resto de las sensibilidades electorales representadas en la encuesta, la mayoría son críticos. Y esto ocurre incluso entre los socios del bipartito, ICV, cuyos electores entusiastas y detractores están empatados.
Bien es cierto que la mayoría, representada por algo menos de la mitad de los encuestados, el 47%, considera que la situación de Barcelona es buena o muy buena. Pero merece la pena recordar en este sentido que en el anterior sondeo ese mismo grupo superaba el 60%.
Al descender al detalle de los aspectos críticos de la gestión, el alcalde Hereu suspende en tres de las ocho áreas analizadas específicamente en la encuesta. La seguridad ciudadana es la primera tacha. En segundo lugar emergen las dudas sobre la transparencia en la gestión, donde se aprecia una llamativa unanimidad que recorre todas las sensibilidades políticas: la sombra de casos de corrupción como los investigados en Santa Coloma de Gramenet se extiende, según la muestra, al Ayuntamiento de Barcelona. Es relevante también en este sentido que la mayoría de los barceloneses critique abiertamente el gasto en informes. Sólo un 18% los cree justificados.
En este análisis de la gestión, también ganan por mayoría quienes se muestran críticos con el tráfico a pesar de que, hoy por hoy, las dificultades para circular por la ciudad figuran en el séptimo puesto de las preocupaciones de los barceloneses. Por delante se sitúan, entre otras preocupaciones, la vivienda y la inmigración, amén de la seguridad.
Por el contrario, la limpieza urbana logra un aprobado justo y pierde relevancia en la lista de los principales problemas detectados en la ciudad. En el lado positivo del fiel de la balanza no son desdeñables tampoco la buena nota que adquieren el transporte públicoolas instalaciones deportivas, que encabezan la lista de los asuntos positivos de los que puede enorgullecerse el alcalde.
Es importante –probablemente decisivo en término electorales– el hecho de que el deterioro del espacio público se haya convertido en el mayor punto crítico en este sondeo. La seguridad ciudadana en las calles de Barcelona es hoy por hoy el principal problema que detectan los barceloneses y la principal tacha en la gestión que imputan al gobierno local. Un detalle que no es menor: cuando se pregunta a los encuestados quién es el principal responsable de la constatada degradación de la Rambla, se apunta, en primer lugar, a la Guardia Urbana.
En línea con esta percepción, el sondeo advierte el fracaso de la aplicación de la ordenanza de civismo. En los cuatro aspectos abordados (la presencia de la prostitución en la calle, la visibilidad de la mendicidad, la suciedad y el consumo de alcohol) son más quienes creen que han aumentado que quienes opinan que ha disminuido tras la aprobación en el 2006 de la nueva norma de convivencia de Barcelona.
Dos notas se cruzan en esta encuesta de un modo aparentemente contradictorio. Una mayoría de los barceloneses considera que la capital catalana ha ganado importancia como polo económico, culturaly político, pero, sin embargo, también consideran que la ciudad no ha evolucionado bien.
Respecto a la proyección de la ciudad: una mayoría –ciertamente ajustada, un 36% contra un 32% que opina lo contrario– considera que, en los últimos años, Barcelona ha ganado importancia. Estas opiniones son defendidas básicamente por los electores identificados con los partidos de la izquierda mientras que, en sentido opuesto, se pronuncian los votantes más conservadores.
En cambio, la percepción de la evolución general de la ciudad no es buena. Un 47% de los encuestados considera que ha empeorado y sólo un 25% opina, en cambio, que ha ido a mejor en los últimos años. Resulta relevante comprobar la evolución de esta percepción. Hace dos años, quienes creían que había mejorado sumaban el 34% de los encuestados. Ahora la evolución es en sentido opuesto. Quienes creían que había ido a peor eran sólo el 30%, y ahora representan 17 puntos más.
Cabe preguntarse por qué en una ciudad que, tras los Juegos Olímpicos de 1992 siempre ha considerado su proyección exterior como un asunto clave de su autoestima se produce este cruce entre la buena imagen externa y el deterioro de la percepción de su evolución.
Otros elementos de esta encuesta pueden arrojar cierta luz sobre esta aparente contradicción y desvelar un conflicto creciente entre el uso global de la ciudad y el uso local. En este sentido es relevante que, entre los motivos que los encuestados apuntan para explicar el deterioro de la Rambla, se señale el turismo. De nuevo, parece que el problema más importante que enfrenta el gobierno de la ciudad en estos momentos es el uso del espacio público. Barcelona va gana enteros puertas afuera, pero eso ya no consuela ni compensa a quienes hacen un uso cotidiano de su espacio. Tal vez ahí radica el sudoku que deberán resolver en el futuro los administradores de Barcelona.
ver esto, que pasa en una mina boliviana
Qué una familia debe viajar más de 200 km para poder bañarse, es muy complicado de explicar.
Urbemarketing quiere buscar ayuda para construir en la mina unos baños dignos con energía solar para volver a tener dignidad. Frio que hiela y nada caliente para el cuerpo. Destaco la cultura y buna educación de esta familia.
http://play.cuatro.com/play/#/portada/21-dias/ver/21-dias-en-la-mina
Urbemarketing quiere buscar ayuda para construir en la mina unos baños dignos con energía solar para volver a tener dignidad. Frio que hiela y nada caliente para el cuerpo. Destaco la cultura y buna educación de esta familia.
http://play.cuatro.com/play/#/portada/21-dias/ver/21-dias-en-la-mina
Opinión de director de hotel de lujo recién inagurado en Barcelona
Luis Marcó: «El turismo vendrá si Barcelona es limpia y segura»
La gran cadena de lujo desembarca hoy en Barcelona con su primer establecimiento en España, sin miedo a la crisis.
Luis Marcó nació en Valencia pero su trayectoria está muy ligada a Barcelona, pese a haber liderado grandes proyectos hoteleros en Suiza, Francia, Reino Unido, el Caribe, Estados Unidos y otros países, donde ha ejercido de anfitrión de grandes personalidades. En Barcelona ha tripulado Le Méridien, y el Arts (de 1992 a 1997 y del 2000 al 2002), hasta que volvió a Cancún (México) para remontar el Ritz-Carlton tras el huracán ‘Wilma’. Vuelve a casa a acabar su carrera.
El paseo de Gràcia tendrá hoy alfombra roja a la altura del número 36-40, donde 98 nuevas habitaciones darán fe de que Barcelona aspira a ser, más que nunca, destino de lujo si la crisis lo permite. Se inaugura, por todo lo alto, el primer hotel de la célebre cadena de superlujo Mandarin, dispuesta a comerse un trozo de mercado a base de sibaritismo de esencia oriental y el potente reclamo de su nombre para atraer a ricos, ejecutivos y famosos de todo el planeta. Su director, Luis Marcó, desembarca en terreno seguro. Ya ha comandado el lujo con sabor barcelonés y sabe bien lo que se hace.
–Convénzame para alojarme en el Mandarin Oriental Barcelona teniendo 10.000 plazas de cinco estrellas para elegir en esta ciudad.
–En Barcelona hay una gran oferta hotelera pero nosotros tenemos a favor una combinación perfecta que buscamos en todas las ciudades del mundo donde abrimos hoteles: una ubicación perfecta en el centro de la ciudad, un gran producto y un servicio, eficiente pero sin agobios, que nos hace diferentes...
–Los hoteles de lujo son los que más están sufriendo una caída de ocupación por culpa de la crisis en esta ciudad. ¿No temen abrir en mal momento?
–Probablemente abriría en otra época si alguien me garantizara que en una determinada fecha la crisis se terminará, pero como esto es imposible de saber, da igual abrir ahora o más adelante. Cuando la situación mejore nosotros ya estaremos implantados.
–¿Por qué Mandarin ha elegido precisamente Barcelona para abrir su mercado en España?
–La ciudad tiene un gran atractivo, por su ubicación y su éxito turístico. Se presentó la oportunidad de colaborar en este proyecto junto con el grupo Reig Capital –propietario del edificio– y aquí estamos. Para diseñar el espacio hemos contado con especialistas españoles, como la diseñadora Patricia Urquiola y la paisajista Beth Figueres.
–Me consta que han querido darle personalidad local fichando a muchos empleados de la ciudad.
–Tenemos 98 habitaciones y 160 empleados, de los que el 70% son locales. La selección ha sido compleja, pero hay un equipo muy bueno y entusiasta, donde también se han integrado trabajadores de la cadena de muchos países lejanos.
–Usted ha estado al frente del Hotel Arts, que rompió moldes en esta ciudad. ¿Cómo cree que ha cambiado el turismo desde los Juegos del 92?
SEnDEn estos años los huéspedes han llegado a niveles de sofisticación muy elevados en cuanto a lo que se espera de los hoteles donde se alojan. Esto nos hace tener que mejorar constantemente nuestras prestaciones y niveles de servicio.
–La oferta hotelera se ha multiplicado desde entonces. ¿Cree que la ciudad ya ha tocado techo?
–Mientras Barcelona siga ofreciendo una ciudad agradable, limpia y segura, la gente seguirá viniendo, pero no hay que bajar la guardia, el turismo es inestable y la competencia es feroz.
–¿Qué significa el lujo para Mandarin y a qué clientes quieren atraer?
–Lujo para nosotros es conseguir ofrecer lo que menos abunda: paz, tranquilidad y espacio. Nuestra clientela básica es el ejecutivo de alto nivel y poder adquisitivo, así como el turista acostumbrado a vivir muy bien. Por nacionalidades, nuestros clientes serán sobre todo ingleses que conocen ya nuestra marca, estadounidenses y también rusos y de otros países europeos.
–Desde su experiencia, ¿qué opina de la petición del gremio de más seguridad para el turismo y más control de los excesos de algunos visitantes?
–Estoy totalmente de acuerdo, lo peor que puede pasar para nuestra ciudad es que nos pasemos de tolerantes. La buena clientela se alejará, y la que se quede...
–Su vocación es ser también un hotel de uso ciudadano ¿De qué partes del hotel podrán disfrutar los barceloneses sin estar alojados?
–Ofrecemos dos restaurantes, el Blanc, con influencias orientales, y Moments, gestionado por Carme Ruscalleda. Banker’s Banc será un lugar de encuentro para tomar una copa y charlar, y también el Mimosa, con un patio interior muy sosegado [el hotel ha recuperado estructuras centenarias y conservado elementos de cuando el edificio fue un banco] y concebido como un jardín en el centro. También se puede acceder a nuestro maravilloso spa de 1.000 metros cuadrados con tratamientos exclusivos. La idea es que nuestros hoteles estén muy integrados en las ciudades donde se ubican.
La gran cadena de lujo desembarca hoy en Barcelona con su primer establecimiento en España, sin miedo a la crisis.
Luis Marcó nació en Valencia pero su trayectoria está muy ligada a Barcelona, pese a haber liderado grandes proyectos hoteleros en Suiza, Francia, Reino Unido, el Caribe, Estados Unidos y otros países, donde ha ejercido de anfitrión de grandes personalidades. En Barcelona ha tripulado Le Méridien, y el Arts (de 1992 a 1997 y del 2000 al 2002), hasta que volvió a Cancún (México) para remontar el Ritz-Carlton tras el huracán ‘Wilma’. Vuelve a casa a acabar su carrera.
El paseo de Gràcia tendrá hoy alfombra roja a la altura del número 36-40, donde 98 nuevas habitaciones darán fe de que Barcelona aspira a ser, más que nunca, destino de lujo si la crisis lo permite. Se inaugura, por todo lo alto, el primer hotel de la célebre cadena de superlujo Mandarin, dispuesta a comerse un trozo de mercado a base de sibaritismo de esencia oriental y el potente reclamo de su nombre para atraer a ricos, ejecutivos y famosos de todo el planeta. Su director, Luis Marcó, desembarca en terreno seguro. Ya ha comandado el lujo con sabor barcelonés y sabe bien lo que se hace.
–Convénzame para alojarme en el Mandarin Oriental Barcelona teniendo 10.000 plazas de cinco estrellas para elegir en esta ciudad.
–En Barcelona hay una gran oferta hotelera pero nosotros tenemos a favor una combinación perfecta que buscamos en todas las ciudades del mundo donde abrimos hoteles: una ubicación perfecta en el centro de la ciudad, un gran producto y un servicio, eficiente pero sin agobios, que nos hace diferentes...
–Los hoteles de lujo son los que más están sufriendo una caída de ocupación por culpa de la crisis en esta ciudad. ¿No temen abrir en mal momento?
–Probablemente abriría en otra época si alguien me garantizara que en una determinada fecha la crisis se terminará, pero como esto es imposible de saber, da igual abrir ahora o más adelante. Cuando la situación mejore nosotros ya estaremos implantados.
–¿Por qué Mandarin ha elegido precisamente Barcelona para abrir su mercado en España?
–La ciudad tiene un gran atractivo, por su ubicación y su éxito turístico. Se presentó la oportunidad de colaborar en este proyecto junto con el grupo Reig Capital –propietario del edificio– y aquí estamos. Para diseñar el espacio hemos contado con especialistas españoles, como la diseñadora Patricia Urquiola y la paisajista Beth Figueres.
–Me consta que han querido darle personalidad local fichando a muchos empleados de la ciudad.
–Tenemos 98 habitaciones y 160 empleados, de los que el 70% son locales. La selección ha sido compleja, pero hay un equipo muy bueno y entusiasta, donde también se han integrado trabajadores de la cadena de muchos países lejanos.
–Usted ha estado al frente del Hotel Arts, que rompió moldes en esta ciudad. ¿Cómo cree que ha cambiado el turismo desde los Juegos del 92?
SEnDEn estos años los huéspedes han llegado a niveles de sofisticación muy elevados en cuanto a lo que se espera de los hoteles donde se alojan. Esto nos hace tener que mejorar constantemente nuestras prestaciones y niveles de servicio.
–La oferta hotelera se ha multiplicado desde entonces. ¿Cree que la ciudad ya ha tocado techo?
–Mientras Barcelona siga ofreciendo una ciudad agradable, limpia y segura, la gente seguirá viniendo, pero no hay que bajar la guardia, el turismo es inestable y la competencia es feroz.
–¿Qué significa el lujo para Mandarin y a qué clientes quieren atraer?
–Lujo para nosotros es conseguir ofrecer lo que menos abunda: paz, tranquilidad y espacio. Nuestra clientela básica es el ejecutivo de alto nivel y poder adquisitivo, así como el turista acostumbrado a vivir muy bien. Por nacionalidades, nuestros clientes serán sobre todo ingleses que conocen ya nuestra marca, estadounidenses y también rusos y de otros países europeos.
–Desde su experiencia, ¿qué opina de la petición del gremio de más seguridad para el turismo y más control de los excesos de algunos visitantes?
–Estoy totalmente de acuerdo, lo peor que puede pasar para nuestra ciudad es que nos pasemos de tolerantes. La buena clientela se alejará, y la que se quede...
–Su vocación es ser también un hotel de uso ciudadano ¿De qué partes del hotel podrán disfrutar los barceloneses sin estar alojados?
–Ofrecemos dos restaurantes, el Blanc, con influencias orientales, y Moments, gestionado por Carme Ruscalleda. Banker’s Banc será un lugar de encuentro para tomar una copa y charlar, y también el Mimosa, con un patio interior muy sosegado [el hotel ha recuperado estructuras centenarias y conservado elementos de cuando el edificio fue un banco] y concebido como un jardín en el centro. También se puede acceder a nuestro maravilloso spa de 1.000 metros cuadrados con tratamientos exclusivos. La idea es que nuestros hoteles estén muy integrados en las ciudades donde se ubican.
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